top of page
Buscar

Guarne, un lugar Vital.

Actualizado: 11 abr 2025


Desconexión y tranquilidad: sinónimos de sosiego, de 'Vámonos un fin de semana para Guarne, Antioquia'. Échale un vistazo a este mágico lugar con el que me topé.




Deliberando


Se acercaba mi cumpleaños, llevaba días pensando qué hacer y no me decidía. Viaje en globo, playa y piscina fueron algunas de las opciones que cruzaron mi mente, pero opté por apartar unos días solo para hacer una pausa en mi rutina y literalmente escaparme. Fui consciente de un modo u otro de no dejarme atrapar por deseos infundados y seguí mi anhelo. Sabia elección.


Acostumbrada al brumoso frío, decidí sumergirme en más. Y, no fui solo yo, arrastré a mi partner in crime para que me acompañara en esta expedición botánica.



Abriéndonos camino


Con maletas a cuestas, emprendimos la marcha. Nuestro punto de encuentro definió nuestra ruta. Nos reunimos en el centro de Medellín y de inmediato sentimos el agite del fin de semana y del movimiento comercial que acarrea el Día internacional de la mujer. Nos cansamos mucho antes de llegar a Santa Elena para almorzar, por lo que solo nos limitamos a avanzar.





Una vez allí, visualizamos muchos restaurantes, pero todos ubicados antes del centro de Santa Elena, así que optamos por detenernos en el parque principal. Me sorprendió un poco que para ser casi las 2 de la tarde no hubieran muchos cafés o restaurantes abiertos en la zona, solo un par de sitios vendiendo cachivaches y uno que otro expendiendo algún tipo de alimento. Con suerte en la parte de arriba y no visible para nada encontramos dos restaurantes que ofrecían un menú bastante similar. Y sí, se me abrió el apetito por romper mi dieta vegetariana con dos deliciosos chicharrones que me fueron servidos y de los cuales no me arrepiento.


En marcha


La intención que tuve desde el principio fue la de reiniciar mi mente, de manera que cuando regresara para estar de nuevo sobre ruedas con el agite del día a día estuviera renovada y lista para ello. Googleando nos encontramos con que en Guarne existía el lugar que imaginé, uno así como salido de un cuento de Hans Christian Andersen a la colombiana. A tan solo 30 minutos de Santa Elena allí estaba, acompañado de un silencioso bosque de 30.000 m2 en el que pudimos avistar unas aves preciosas que nos acompañaron en esa Soledad embelesadora.


Soledad/Barranquero
Soledad/Barranquero

Al ver la Soledad, no nos extrañaba su presencia (🎶), con ella habían otras preciosas aves que se acercaban para buscar alimento que el mayordomo muy amablemente les deja en sus casitas.



Álgido aquí y álgido allá


Fuimos conscientes de inmediato que se aproximaba un frío que solo podríamos disipar con fogata, comida para ganar calorías y un cóctel de Sake para terminar de entrar en calor con la abundancia: 乾杯. 乾




Soy bastante fan del ahorro y de cocinar en lo posible mis propios alimentos cuando puedo, así que llevamos nuestros comestibles para que fueran cocinados allí mismo, pues la cocina está completamente equipada para que esto suceda. Eso sí, estos sí hicieron parte de mi dieta vegetariana y nos rindieron lo suficiente para los dos días que estuvimos allí.


Nos dimos cuenta que en el parque de Santa Elena había un supermercado, pero no lo supimos hasta que lo exploramos. El saberlo nos habría ahorrado el gran viaje con la comida que compramos desde el día anterior y de paso habríamos apoyado al mercado local.




Susurros en el bosque


Sin entrar aún en ella, pudimos ver la hermosa quebrada con la que contaba la propiedad, de solo mirarla me congelé más, pero debo admitir que me sentí tentada a probar sus aguas. Como sea, no lo hice hasta el día siguiente porque pronto llegaría la noche y lo importante ahora era entrar en calor para amortiguar la baja temperatura.

Desde el primer momento se nos informó que aproximadamente a 30 minutos de allí estaría la quebrada La Honda, pero debido a que de regreso nos tomaría más tiempo, desistimos de siquiera intentarlo. Honestamente y en lo personal, no me siento cómoda al saber que estaré andando un territorio abierto sin haberlo explorado antes o al menos con un guía confiable. Creo que tengo una aventurera en mí lo suficientemente precavida que solo se arriesga lo necesario.



Comida y ocio


Como ya mencioné anteriormente, la comida que compramos fue estrictamente vegetariana, la verdad es mi dieta principal y quise que así lo fuera durante nuestra estancia. Han pasado un par de veces en las que cuando la rompo, es por culpa del chicharrón pero no me castigo por eso, porque simplemente es un de vez en cuando y no hago religión con ello.


En las cabañas están los enseres necesarios de cocina y además hay alimentos de los que se puede hacer uso como lo son: chocolate, panela, azúcar, sal y aromáticas. Nosotros por nuestra parte llevamos: papas criollas, croquetas de arveja, arepas, queso, vegetales, tortillas, maní, leche, yogur griego, frutas y nuestro Sake.


Cuando cenamos y la noche estaba terminando de un modo u otro, ya la fogata era solo cenizas y los insectos se apropiaron de su espacio nocturno, nos dispusimos a jugar. Llevé algunos de los juegos de mesa que poseo, pero allí en el espacio también habían juegos a nuestra disposición por lo que fue bueno contar con diferentes opciones de entretenimiento, dejando de lado las pantallas a las que a diario estamos acostumbrados.



Tercer piso


Al día siguiente, fui despertada por mi bestie que bajó desde el segundo piso dispuesta a despertarme con una canción de Feliz cumpleaños. A regañadientes abrí la puerta porque quería seguir durmiendo, pero sabía que había una segunda expedición botánica esperándonos en el lugar. Esta la empezamos con el desayuno, creo que es costumbre, pero fui yo quien cocinó ambos días, se me da bien de algún modo.




Esa mañana nos hice un reconfortante chocolate con leche, acompañado por supuesto de arepa con queso y proteína vegetal. Fue la entrada al ponqué de mi cumpleaños que nos esperaría para más tarde.


Antes de disfrutar de las saludables aguas de la quebrada, tuvimos un momento de relajación, mi amiga se dispuso a tomar fotos y a alimentar a las aves con algunas de las frutas que llevamos.


En cuanto a mí, me puse en pro de la lectura, mientras disipaba todo el hermoso paisaje en una hamaca. Admiré la grandeza y majestuosidad de los árboles y me dispuse a abstraerme en mis propios pensamientos. En medio de esto, me di cuenta que así era como justamente quería pasarla, abrazando mi tercer piso y agradeciéndole a esa naturaleza, a esa que Spinoza llamó Dios, por permitirme estar allí.



Volver


La peor parte fue habernos ido, pero salimos de allí con el alma llena, con los pensamientos más claros y con anhelos de una nueva aventura que nos permita dejar nuevas huellas a nuestro paso.


*Puedes encontrar este lugar en IG como Vital Ecohotel

 
 
 
LAS HUELLAS DE ÍCARO LOGO_1.png

© 2025 Creado por Las Huellas de ícaro

bottom of page