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Bogotá, ¿La Atenas Suramericana?

Cada vez más cerca de las estrellas...

Catedral Primada de Colombia - Archivo personal
Catedral Primada de Colombia - Archivo personal

Primera dama


Cuando se piensa en la ciudad principal de un país, casi de inmediato, se asocia con aglomeraciones, tráfico, contrastes, luchas, diversidad, entre otros aspectos. Bogotá no es la excepción a esto. Por el contrario, los foráneos que la visitamos, tenemos por lo general una idea arraigada de lo caótica que puede ser la capital de Colombia. Además, los medios de comunicación principales nos muestran con brío el agite del día a día, lo que refuerza aún más la premisa inicial.


No se trata de justificar, pero creo que sí es importante resaltar que, debido a la amplia diversidad, y al hecho de que allí se concentra el poder y movimiento político principal, se presentan con mayor frecuencia conflictos de intereses, ambiciones, luchas y desavenencias a diferencia de otras ciudades del país. En otras capitales del mundo tal vez no se vivan situaciones tan discordantes, ya que no enfrentan el mismo nivel de corrupción, desigualdad y falta de planeación.


Aun así, en diferentes ocasiones, algunos nos hemos visto tentados a conocer Bogotá, después de todo es la ciudad principal de Colombia y tiene una historia increíble por contar. Dejando de lado el amarillismo de los medios, y dando la oportunidad de explorar sus rincones, te encuentras con que en cada esquina se respira cultura y educación de algún modo en sus habitantes. En muchos lugares puedes hallar atracciones, museos, universidades a granel y una amplia oferta gastronómica. Además, Bogotá cuenta con oportunidades que tristemente no hay en todas las ciudades.



De cara con la cultura


Fui a Bogotá con la intención de asistir a un concierto en El Teatro Royal Center ubicado en la localidad de Chapinero. Tan pronto llegué con mi amiga al aeropuerto El Dorado, sentí el contraste en el ambiente. Esto por las expresiones coloquiales usadas por las personas locales y un poco de frío pero no tanto como se nos dijo. Fuimos abordadas de inmediato, pues se nos recomendó no llamar la atención para nada, sin embargo y sin proponérnoslo, la gente percibía en un santiamén que no éramos de allí.


La candelaria - Archivo personal
La candelaria - Archivo personal

Tuvimos la intención de explorar los sitios que nos encontráramos de camino al hotel, así que nos detuvimos en La Candelaria. Barrio que rodea el centro histórico de la ciudad, y el más antiguo de esta. Estuvimos un poco cohibidas al bajar del carro, con la intención de no llamar la atención, pero de inmediato se nos acercó un habitante de calle a indicarnos por donde no deberíamos caminar. Él nos indicó no movilizarnos por la parte de abajo de La Plaza de Bolívar y pues realmente sí apreciamos que nos lo hiciera saber.


El sector tenía movimiento suficiente como para confirmar que se trataba del Centro Cultural. Pudimos conocer El Capitolio Nacional, La Catedral primada y bastantes calles coloniales donde se respiran sus casi 500 años de historia como ciudad. Lamentablemente no pudimos explorar tanto como habríamos querido porque llegamos cuando el sol se iba ocultando, y lo primero que hicimos fue tomar 'Las onces' como pudimos apreciar en el menú.


Nos percatamos además de que los capitalinos suelen comer sopa al desayuno, la verdad es muy particular, al menos porque en Antioquia, en ocasiones, comemos calentado de frijoles cuando hablamos de la 'primera curva' del día, pero suena reparador empezar el día con una buena sopa. Hay que averiguarlo en otra visita



Vecinos

Chapinero - Archivo personal
Chapinero - Archivo personal

Hicimos una reserva en un hotel de la ciudad con bastantes días de anticipación. Al llegar allí, nos dijeron que la reserva no era válida debido a que ellos ya se habían dado de baja en la aplicación que usamos como mediadora. No tenía sentido para nosotros porque incluso días antes recibimos la confirmación, pero no podíamos obligarlos a que nos hospedaran. Con ayuda, pudimos encontrar otro hotel en el mismo sector, es decir, en Chapinero. Una vez allí, empezamos a notar -mucho más-, la palabra 'Vecino' a medida que socializábamos con las personas.


Y sí, a pesar de que muchas personas notaron que 'esa gente son de un pueblo' al vernos a nosotras, yo sí me sentí su 'veci' (no sé mi amiga) por momentos. Pues en nuestros trayectos encontramos personas amables que incluso nos ayudaron a tomar la ruta correcta para viajar en Transmilenio o para conseguir el hotel que en la cara se nos negó. Probablemente al día siguiente sí extrañé la arepa en el desayuno, pero bien sabía que no es una comida típica en Bogotá y que el pan nunca está demás.




Choque cultural


El concierto al que fuimos, estuvo cargado de una energía casi magnética. Fueron dos horas de un in rapture del que no quieres salir. Las personas a nuestro alrededor, casi todas de allí mismo, estaban muy ensimismadas y con todos sus sentidos puestos en el escenario. Iba a ser casi la media noche, y aunque yo también estaba muy contenta de ser espectadora de semejante паказаць, fue inevitable no notar que por muy contentos que estén los rolos, no usan ni una sola palabra 'guache' o soez. Normalmente en los conciertos a los que solía ir, o incluso fuera de ellos no es de extrañar que las palabras groseras se oigan por todo lado, a diario. Ellos para expresar su alegría usaban palabras como 'Bravo carajo'. Esto me hizo confirmar que nosotros somos muy vulgares, por lo general cuando hablamos, y no digo que esté mal, pero admiro que en los dos días que allí estuve, no escuchara ni una sola palabra salida de tono.


Además, me gustaría agregar que presenciamos una rencilla de dos vecinos de camino al aeropuerto, hubo empujones incluso, pero jamás, ni por casualidad, una mala palabra. Y cómo olvidar al señor que en La Plaza Bolívar y en su condición de calle nos dijo tan respetuosamente sin que le preguntáramos, por dónde no deberíamos movilizarnos. Nadie es perfecto, pero en todas aquellas personas sin importar la situación, vi una cultura que yace en sus mercedes.


Para terminar, creo que no me atrevo todavía a responder la pregunta que encabeza esta publicación, pues hay mucho más Bogotá que debo explorar.. Lo que conocí no es ni la punta del iceberg, pero me prometo volver y así poder responder por mí misma de qué va la analogía con la Ilustre ciudad. Solo sé que muy probablemente esa comparación tiene un fundamento lo suficientemente sólido y digno de ser mantenido.

 
 
 

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